Nunca el dolor, ni lágrimas que fluyan como cantos rodados en el lecho de un río. Decir sólo las huellas que el dolor inscribe, sin melancolía. Y a solas, con la música donde reposa el tiempo y su memoria, oír el ritmo de las estaciones, el palpitar de sus burbujas sobre la superficie del silencio, sabiéndome mortal.
Nunca se sabrá cómo hay que contar esto, si en primera persona o en segunda,usando la tercera del plural o inventando continuamente formas que no servirán de nada. Si se pudiera decir: yo vieron subir la luna, o: nos me duele el fondo de los ojos, y sobre todo así: tú la mujer rubia eran las nubes que siguen corriendo delante de mis tus sus nuestros vuestros sus rostros. Qué diablos.